Amigos de ciudad
Hace años, cuando era un niño, tenía un amigo. Inseparables.
Cada día al salir de clase camino de casa, con un fondo de conversaciones interminables sobre un presente teñído de sueños futuros, explorábamos la ciudad entre carreras, retos y peleas.
Con él el primer pitillo, el primer perro aparentemente mudo, y los primeros pechos desnudos. La primera decepción y la primera angustia. Y con él, liberados astutamente de todas las vigilancias, el primer riesgo.
Y cuando la caza de gatos, el colarse en el cine, la búsqueda arqueólogica, y los trucos para no pagar en la salas de juegos nos dejaban saturados, nos adentrábamos en aquel barrio de hombres anónimos, exuberantes mujeres y niños inexistentes en el que, por una comprensible e incuestionable razón, no debíamos ir y al que siempre queríamos volver.
Los años pasaron. Quedan sólo algunos sueños. El tiempo nos mostró, por turnos, como golpea la vida, y con idéntica cadencia, por turnos, sentimos la presencia del otro en cada envite.
Hoy, como casi todas las semanas, hemos quedado para tomar unas cervezas.
Igual que entonces, cuando vamos a vernos el reloj parece caminar más despacio.
14 comentarios:
que gran suerte tener al gran amigo al alcance de tu mano. yo además tengo la gran suerte de que mi gran amigo, el de las confidencias, el de los secretos no confesables, es mi primer amor, mi gran amor, mi único amor.
no hay nada que pueda pagar esto y, sin embargo, el que todo esté comprimido en una única persona dá miedo. miedo al abandono, a la pérdida...
Me ha impresionado mucho este último comentario. Tán intenso que efectivamente da un poco de miedo.
Intento imaginar cómo puede ser la persona que lo escribe:
Pìenso en si será una persona muy joven que no ha tenido tiempo aun de amar más.
O tal vez sea alguien que se siente muy solo. Yo tengo algún momento zulú de "nadie me entiende" salvo fulanito. (A veces ni el fulanito).
Aunque también puede ser todo lo contrario y seguramente yo no tengo ni idea.
En fin, que me cuesta entenderlo. Yo no tengo ni un único amigo, ni un único amor. Y ya ni te cuento nada sobre mi capacidad de centrarme en una única persona...
Creo que las intensidades de mi vida componen un puzle en el que muchos han intervenido y son importantes y, hasta hoy, siempre pensé que a todo el mundo le ocurría lo mismo.
En todo caso, mi verdad no es mejor ni tiene más ventajas. Todo lo contrario: el miedo a la pérdida se multiplica.
Todos tenemos "ese amigo" de infancia aunque lo más habitual es haberse distanciado con el tiempo.
En el fondo creo que nos pasamos el resto de nuestra vida persiguiendo ese primer referente de lealtad.
Maravilloso regalo para un amigo!
Los amigos de la infancia y los de la juventud no pueden ser referente para los amigos de la edad madura.
Porque son únicos, incondicionales, transparentes e incorruptos y tienen esa capacidad para conseguir que el tiempo vaya mas despacio. Hay que mimarlos!
Solo puedo darte mi mas cordial enhorabuena, yo que los tengo a todos demasiado lejos, envidio tu posibilidad. Me aferro a los recuerdos y al teléfono de cuando en cuando. Pero nada de cervezas!
Conserva tu privilegio.
Esta canción se la compuso Simon a Garfunkel en el 70 cuando se separaron definitivamente.
Una canción triste que habla de lo mucho que nos cuesta romper lazos de afecto y un texto que apuesta por la amistad perenne.
Realmente la amistad es muy sencilla cuando somos niños. No hay vergüenzas, ni desconfianza y, sobre todo, no hay capacidad para mantener el enfado porque, a esa edad, siempre pesa más el deseo de ser feliz que el de salvaguardar el "honor".
Estoy convencida de que todas estas cualidades se van deteriorando a medida que crecemos y vamos aprendiendo a usar el móvil.
Hablando de amigos...¿quién no ha tenido un amigo imaginario?
Es algo maravilloso.
Algunos son completamente fantásticos y otros tienen alguna realidad detrás. Tengo una tía que habla con una niña que sólo ella y yo (cuando miento) podemos ver y mi abuelo aprecia mucho a Jesús Vázquez. Charla con él cada vez que ve su programa y lo encomienda en sus oraciones. A mi padre también le hablan sus perros y mi madre conversa a diario con Dios y varias vírgenes. Ninguno de ellos conoce el mundo de las drogas, que quede claro.
¿Y qué puedo decir yo, si utilizo de confidente a un blog y hasta le cojo aprecio a los anónimos?
Que fortuna los que podeis tomar una cerveza con los amigos de la infancia.
Yo he de conformarme con mi amigo imaginario.. ese.. no me falla!
Los otros están demasiado lejos!
A los de ahora intento no ponerles el listón tan alto, poco a poco les hago un sitio en mi vida, gran esfuerzo e intento cuidarlos al máximo.
Hay amigos de la infancia, amigos más recientes, imaginarios, amigos circunstanciales, amigos por empeño y amigos por descarte...
Valoro a todos ellos pero, en especial, a los que me dejan estar cerca.
No dudo del afecto de quien me llama cada Navidad, ni del que recuerda siempre mi cumpleaños. Pero adoro al que sobrevive cada lunes conmigo y me compra chocolate aunque él esté a dieta. Al que, cuando encuentra un gran libro, piensa en mi para compartirlo y cualquier acontecimiento del día es mucho más interesante si me lo cuenta. Al que siempre me responde si lo busco y cuando nos vemos parece no tener nada mejor que hacer, por muy ocupado que esté. A aquel que sabe que no hay horario para llamarme y que aguanta que le ladre si el motivo es ridículo. Al que se descalza al entrar en casa, sabe abrir mi nevera sin que yo se lo diga y se quedó a cenar cuando sólo había cerveza y una lata de guisantes. Al que sientes ganas de abrazar aunque esté hecho unos zorros. Al que se aburre conmigo sin enfadarse, al que se enfada sin irse, al que puedo entender si cruzamos la mirada y a aquel que me recogió en mis mayores estupideces y nunca necesitó decir "ya te lo había advertido".
Los amigos de la infancia son un gran tesoro pero prefiero a los que envejecen conmigo.
¿Con cuántos amigos podríamos convivir?
Y no cuentan los imaginarios.
Y ¿alguna vez os habéis enamorado de un amigo?. A mi nunca me había pasado hasta ahora.
Es una tremenda faena porque por una parte no quieres perder de vista a una persona que te interesa mantener en tu vida y, por otra, verla es una sofisticada tortura.
No puedes desaparecer porque pesa más el deseo de conservar la amistad, ni eres capaz de mantener una relación normal y relajada.
UNA PUTADA!!!
Y disculpad la expresión pero, si a alguien se le ocurre una definición mejor, que me la apunte.
Quemad viejos leños,
bebed viejos vinos,
leed viejos libros,
tened viejos amigos.
Pues no. No se me ocurre una definición más adecuada.
En todo caso, también tiene un lado positivo. Porque una vez repasadas las beleidades de la AMISTAD, recuerda que lo más habitual es que nuestros amigos, por momentos, también sean odiosos: no llaman cuando cuentas con ellos y no paran de llamar cada vez que les duele algo nuevo, se ríen de tu peinado después de cincuenta horas de peluquería, parodian a tus amantes y, sin embargo, desaparecen cuando encuentran ellos a alguien, presumen de puntuales y contigo siempre llegan tarde, ni se te ocurra contar con su casa cuando tienen novia, no se acuerdan de devolver libros/discos/ropa, ...
Si te enamoras de uno y hasta que se te pase, será un ser increíble. Disfrútalo mientras dure porque tienes UN AMIGO PERFECTO.
No sé si odiosos, amorosos, perfectos, defectuosos, de infancia o recientes.
Hoy me quedo con el que está dispuesto, en una noche de agosto y en pleno centro de la ciudad, a prestarme un polar y a sonreir en un momento frío tomándose un helado conmigo.
Yo he sido considerada también y no le he dado un enorme abrazo.
Buenísima la fotografía.
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